viernes, 10 de enero de 2014

En los arrabales de Guakamalú



En los arrabales de Guakamalú,
 vino y cebolla, espinas y dolores
de zamargo y de luna.

-Siembra la semilla, padre, antes de que aparezcan las huellas del potro.

-La siembra comienza en Octubre y en Octubre se queda.
Sola, sin nacer
y sin vivir.
En los arrabales de Guakamalú.

Te vendré a visitar niña de trigo
cuando comience el tiempo de cerezas.

- No estaré para entonces, papa, ya no estaré.
-Estaré yo,
pendiente de ti, alerta, bajo las ramas del granado

-Padre, se me han equivocado los encuentros, y a nadie veo,
mira,
que me llora la frente
mis horas son segundos y se me escapa el tiempo.

-Yo tengo guardado tu tiempo.
Todo tu tiempo está guardado en mi.
Yo te creé y te crecí y te sembré de sueños y ensueños.
Niña de trigo y agua.
Junto a los arrabales de Guakamalú.

Papa, ¿Va en serio que vendrás a buscarme algún día?

-En los arrabales de Guakamalú está escondido el tiempo. Todos los tiempos.
Yo los encontraré.








                                                                                                                         Imagen:Sandra Bierman

pluvisca-gozandoconlamirada.blogspot.com/

jueves, 2 de enero de 2014

Temblor



Hay un temblor de senos que lloran en una playa
desconsolada.
Un  mundo de pechos palpitantes que gimen en la isla de las aguas benditas
porque un tridente amenaza con mandarlos
al infierno.

 El fuego se hace dueño de las calles.

Es un fuego que comienza en los dedos y abrasa la eternidad sin extinguir la llama.
Un fuego candente que  amenaza serpientes.
Ellos se inventaron las putas y el infierno. Ellos serán quien ardan y se abrasen.

Hay un temblor de senos que lloran escondidos debajo de un  chador
 Una metralleta los amenaza de muerte.
Y todo un ejército de pubis asustados
se retuercen de  miedo
ante las lenguas viperinas de las brujas arpías.

Las  astas del miura cabecean furiosas ante la mezquindad de los prejuicios.
Y las manos fuertes y poderosas, lloran desesperadas por la carencia de ríos  y colinas

Silencio......

En un altar,
 vestidos de blanco,
 se queman los ideales y los sueños.

El cura los bendice

El agua está llorando.
Los lagartos están llorando.
Y las campanas de la catedral están tocando  a muerto.



Fotografía encontrada en internet

martes, 24 de diciembre de 2013

Cántico espiritual






    Canciones entre el alma y el esposo


Esposa
 ¿A dónde te escondiste, amado
y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.
   Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero,
decidle que adoleszco, peno y muero.
   Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas,
ni cogeré las flores
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.
   ¡Oh bosques y espesuras,
plantados por la mano del Amado,
oh prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado!
Respuesta de la Criaturas
   Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura,
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dexó de su hermosura.
Esposa
   ¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero,
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero.
   Y todos cuantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan
y déxame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.
   Mas ¿cómo perseveras,
oh vida, no viviendo donde vives
y haciendo porque mueras
las flechas que recibes
de lo que del Amado en ti concibes?
   ¿Por qué, pues has llagado
a aqueste corazón, no lo sanaste?
Y pues me lo has robado,
¿por qué así lo dexaste
y no tomas el robo que robaste?
   Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos
y sólo par Ti quiero tenellos.
   Descubre tu presencia
y mátame tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.
¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados!
   Apártalos, Amado,
que voy de vuelo.

San Juan de la Cruz
(1542-1591)