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jueves, 27 de noviembre de 2014

Amaneció lluviosa

Fresca húmeda y radiante ha amanecido la mañana.
Llueve sin parar, y el cielo, de tan oscurecerse,
ha perdido su azul.
Llueve sobre los cantos y los cánticos.
Sobre las aceras, sobre mis pasos y mis gritos y las hojas de los árboles se dejan caer sentimentales, lánguidas, ociosas,
como si ellas fueran la lluvia.

Llueven las hojas del acanto.
Llueven las hojas amarillas del durazno y ramos de fresas coloradas abrazan tu garganta formando collares de coral.

-¿Te das cuenta de que vas desnuda cantándole a la lluvia?
-Qué me estás diciendo.
-Como lo oyes, vas caminando desnuda bajo una tromba de agua que parece que se esté cayendo el cielo.
-Llevo puesta mi piel: ¿No te das cuenta?
-Las gotas de agua se derraman sobre ti como hermosos diamantes que te estuvieran regalando los ángeles.
-Buscas ruborizarme
-Busco beberme toda el agua que moja tu cuerpo y tus sentidos. Descubrirte las noches plenas de luciérnagas que cantan junto a la alberca. Y cubrirte de miel y de perfumes……….

Cae una lluvia cansina, lenta, sin ninguna prisa,
como si quisiera  reposar en la Tierra.
Penetrarla.
Germinarla.
Empaparse en ella sin que la más mínima partícula pueda quedar sedienta.


-Dame de beber