Adónde están mi casa y mi pañuelo, mi esperanza, mi sombra, mi cuna,
adónde.
Adónde mi sonrisa en el amanecer.
Se me ha roto el vestido y ya no tengo
vestido que ponerme.
-Viste tu cuerpo con una ramita de azafrán.
-Se me verá todo.
-¿Y para qué te hizo Dios? ¿Acaso van vestidas las hojas de la higuera?
Y en las noches de vendaval ¿Acaso no se quedan desnudas las ramas de los árboles?
-Sí, pero es que tengo frío.
-Yo te cubriré.
Adónde están mi casa y mi pañuelo,
mi sol, mi sombra, mi luna
Adónde
mi despertar alegre
mi risa,
tus gemidos.
-Yo los encontraré
Me acercaré a tu casa con sigilo y silbaré en tu puerta. Ya tengo preparada
una ramita de azafrán.
Abreme.