Cuando llegó la hora del olvido una espesura gris envolvió
todas las montañas del mundo.
Y los harapos que dormían en las aceras se pusieron a tiritar
de frío.
Los edificios temblaron.
Los hogares temblaron.
Y toda la caridad del mundo corrió despavorida por las
alcantarillas de la vieja ciudad huyendo de la muerte.
Sólo sobrevivieron los ladrones.
Pero ya no les quedaba nadie a quien robar.
Y así fue como la humanidad se acabó para siempre en el mundo.
Fotografía: Luis Sam
