Nunca antes en la vida se habían visto.
Así que se miraron profundamente a los ojos hasta perderse
el uno dentro del otro. Visitaron sus paisajes, jugaron las flores
amarillas de sus primaveras, corrieron los montes de sus propias fantasías y las sombras de sus amaneceres.
Después se besaron.
Y nunca más se volvieron a separar.
….Hasta que les atravesó aquel rayo de tormenta y se reencontraron nuevamente en el paraíso.
Fotografía: S. Melgarexo