Me cuesta entenderte, Tano.
Pero no
obstante te escucharé tantas veces cuantas tu lo necesites.
Bailaré
contigo y nos echaremos en aquella alfombra vieja para jugar a las
cartas junto al fuego.
Rizaré tu pelo de bucles azabache y mesaré tu barba, y llenaré
tu copa de miel y de cerezo.
Visitaré tu puerta y llamaré a tu
casa para que quieras bendecirme y quemaré sahumerios junto a tu
ventana.
Nada despertará el silencio que nos
ciega y en la oscuridad más negra de la noche penetraremos lo más
hondo de la Tierra.
Y el Universo entero celebrará la
fiesta.
-Me cuesta entenderte Tano ¿Ya no me
escuchas?
Fotografía: Montserrat Gudiol
