Asomada a la
puerta de su casa, la luna le dijo al
cántaro:
––Dame de beber
Le contestó el cántaro :
––Estás
demasiado alta para mí. No puedo alcanzarte.
––Muero de sed.
El sol me abrasa.
––Si subiera hasta ti, me rompería en mil
pedazos.
––Llenaré tu
panza de plata, acariciaré tu barro gastado,
y te llevaré en volandas a través del viento en busca de las
fuentes cristalinas.
Pero sube. Dame de beber.
–– No puedo;
me romperé en el aire.
––Iluminaré
tus noches oscuras,
alumbraré el camino de la lluvia,
te llevaré en mis
brazos,
y adornaré tu cuello de nardos,
pero no me dejes abrasar en este fuego.
Entonces,
le contestó el cántaro a
la luna:
––Baja tu,
y ven conmigo,
que mi casa huele a pámpanos y a higueras,
huele a primos hermanos,
y a infancia que juega;
mi casa huele a fuentes luminosas rociadas de manzanas
y a huerto cultivado con mis manos;
––Ven conmigo
luna,
a mi cuerpo de barro
y bebe codiciosa el agua de mi vientre.
Pintura de S. Melgarexo
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