Cae la noche en las afueras de Tonambuctú. Tu aliento quema y las yemas de tus dedos, escapan de ti en un afán urgente por alcanzar la cumbre de un destino largamente
soñado. Cae
la noche en las afueras de Tonambuctú.
Vienes hacia mí en un deseo infinito de alcanzar lo sublime
Me abrasa tu mirada y sin embargo,
empieza a erizarme la piel el frío en esta noche de arena. Cae
la noche en las afueras de Tonambuctú.
Pero en mi boca ya
se han dejado prender las amapolas.
Las horas duermen.
Imagen: Ramón Vilanova
