Entraste en el vientre de la piedra
qué tibia estaba el agua
qué serena.
Tanto,
que te cerró los ojos para siempre.
El aire quedó frío
y fría la mañana
qué blanca tu
mi niña quieta
con tu semblante dulce
y tu sonrisa a solas cubriendo
tu mirada
Te adentraste en el vientre de la piedra
con tu sueño a la espalda
y saliste vacía,
sin sombra
sin vida
sin ti
sin nada.
El mar se quedó ausente
solas las horas
solo el dolor.
Cautivo
Negro
Seco.
Y sola yo sin ti
sin mi.
También sin nada.
Fotografía: Marius Bolta
